COGITO ERGO SUM


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martes, 19 de mayo de 2020

Un golpe

Quiero sentir un pequeño golpe
Uno que rompa
Y me vuelva a compartir.

Uno que me haga trizas y se tire por doquier
Un golpecito que resplandezca en la oscuridad
 y haga estallar esta habitación.

Quiero sentir un poco de dolor
Para llorar lo que no puedo sin dolor
Porque con el aprendo y me alegro.

Y si no bastara un golpe
Quiero dos
tres
cinco 
Y hasta diez.

Y si no bastaran ni esos

Quiero poder romperme yo misma 
y saltar porque no quiero estar aquí.

Porque no quiero ver como todo se derrumba
Mientras yo no sienta dolor.

Y si no sintiera dolor 
¡Qué tristeza!
¡Si yo no fuera capaz de sentir dolor!

Entonces yo no quisiera nada más
que la muerte duerma junto a mí.


Escrito por:  Mademoiselle Parapluie

Pdta: Un poema escrito en marzo.
Este poema no tiene ninguna relación conmigo.
Muchas veces los seres humanos rehuimos al golpe que nos hace crecer.

domingo, 29 de julio de 2018

Marzo. No tan hermoso.

Hay cosas difíciles de escribir.
Hay cosas difíciles de decir.
Y más aún hay cosas difíciles de contar.

Muchas veces solo la confianza más íntima nos hace hablar.
Ayer fue un amigo mío y hablábamos un poco de todo lo que había sido de nuestras vidas.
Él decía que me veía diferente, más madura, más mujer, más empoderada.

De pronto recordé un poco algún capítulo de "Siddharta"
Cómo nuestros rostros cambian y nos marcan todo lo vivido.

No ha sido en vano todo lo que viví, me ha marcado cada instante, cada experiencia, cada persona que me negó un poco de si, las que me dijeron adiós con una sonrisa prometiendo un próximo saludo, las que me hicieron llorar y las que también me quitaron lo tonta.

Voy a escribir algún día todo ese viaje que sucedió.
No lo he hablado con nadie y quizá nunca cuente cuánto lloré y cuánto quise estar en algún lugar muy lejano, pero menos en casa.

¿Cuándo comenzó esa idea de irme?
¿Qué guardo para mí misma?

Era inevitable no llorar.


Era ese lugar un espacio donde estaba yo sola y recordaba muchas cosas que quería olvidar, pero uno no puede huir jamás de uno mismo, esa fue la más hermosa y bella enseñanza que aprendí en la precariedad y ausencia de un hogar conociendo indigentes.  

Hoy en julio puedo hablar un poco de marzo sin un pequeño nudo en la garganta, aunque aún salen las lágrimas y sé que saldrán muchas más cuando me siente a escribir.

Nadie sabe que sucedió.
Lo guardo todo dentro de mí.

No hay mayor misterio del que yo no quiera hablar porque simplemente lo guardo y me sofoco, pero esta tarde no quiero pensar. No quiero llorar.

Solo quiero ver como cae la lluvia en la ventana mientras escucho "El mató a un policía motorizado" 



Escrito por: Mademoiselle Parapluie.
Pdta: Esta imagen representa un poco de cómo me sentí frente a lo vivido.
Indefensa.

sábado, 5 de junio de 2010

La muerte como el génesis



¿Acaso resulta tan terrible no ser? 
A fin de cuentas, durante tiempo no fuimos y eso no nos hizo sufrir en modo alguno. Tras la muerte iremos (en el supuesto de que el verbo “ir” sea aquí adecuado) al mismo sitio o ausencia de todo sitio donde estuvimos ( ¿o no estuvimos?) ANTES DE NACER. Lucrecio, el gran discípulo romano del griego Epicureo, Constató este paralelismo en unos versos merecidamente inolvidables:

"Mira también los siglos infinitos
Que han predicho a nuestro nacimiento
Y nada son para la vida nuestra.
Naturaleza en ellos nos ofrece
Como un espejo del futuro tiempo
Por último, después de nuestra muerte.
¿Hay algo aquí de horrible y enfadoso?
¿No es más seguro que un profundo sueño?"
De Rerum Natura”

Inquietarse por los años y los siglos en que ya no estaremos entre los vivos resulta tan caprichoso como preocuparse por los años y los siglos que aún no habíamos venido al mundo. Ni antes nos dolió no estar ni es razonable suponer que luego nos dolerá definitiva ausencia. En el fondo, cuando la muerte nos hiere a través de la imaginación ¡pobre de mí, todos tan felices disfrutando del sol y del amor, todos menos yo, que ya nunca más, nunca más…!
Es precisamente ahora que todavía estamos vivos. Quizá deberíamos reflexionar un poco más sobre el asombro de haber nacido, que es tan grande como el espantoso asombro de la muerte. Si la muerte es no ser, ya la hemos vencido una vez: EL DÍA QUE NACIMOS.
Es el propio Lucrecio quien habla en su poema filosófico de la mors aetern, la muerte eterna de lo que nunca ha sido ni será. Pues bien, nosotros seremos mortales pero de la muerte eterna ya nos hemos escapado. A esa muerte enorme le hemos robado un cierto tiempo los días, meses o años que hemos vivido, cada instante que seguimos viviendo y ese tiempo pase lo que pase siempre será nuestro, de los triunfalmente nacidos, y nunca suyo, pese a que también debamos luego irremediablemente morir.

Murieron otros, pero ello aconteció en el pasado.
Que es la estación (nadie lo ignora) más propicia
A la muerte.


¿Es posible que yo, súbdito de Yaqub Almansur, muera como tuvieron que morir las rosas y Aristóteles?
“Obra poética completa”


Escrito por: Fernando Savater en "Las preguntas de la vida"
Pdta: Me encanta leer sobre estos temas.